Adiós amigo.

 Durante estos 30 años me has acompañado siempre.

Nuestra relación comenzó a lo tonto, poco a poco y casi sin darme cuenta, hasta que te hiciste imprescindible en mi vida. Llegaste a ser mi sombra, mi amigo del alma en el que confiar siempre, mi confidente, el matrimonio perfecto (más en la salud que en la enfermedad). Casi lo has sido todo, si repaso mi vida casi no tengo recuerdos sin ti.
Durante estos más de 10.000 dias hemos avanzado compartiendo: el mismo espacio, los mismos gustos, el mismo aire, incluso la misma pareja. Has sido casi una extensión de mi cuerpo, de mis manos; nunca nadie estuvo tanto tiempo tan cerca de mi cara, de mi alma, de mi mismidad. Has sido el testigo silencioso de mi existencia, celebrando conmigo los éxitos y también llorando fracasos y pérdidas. Descubriendo nuevos lugares o perdiéndonos por los de siempre, haciendo estampas en amaneceres y atardeceres; acompañándome en el desayuno, en las fiestas, en el coche, en el trabajo, en la cama, en los viajes...
Hemos bailado hasta el amanecer, hemos bebido de todo aunque, ahora que lo pienso, hemos comido juntos pocas veces. Porque tú y yo éramos más de cafetito con larga tertulia.
Has sido un gran amigo, acompañándome por las calles para que no pareciera solo, dándome dosis de autoestima en reuniones y sirviéndome de muletilla en muchas situaciones: diversión, violencias, pasteleo... Tantas veces me has hecho parecer más de lo que soy: interesante, pensativo e incluso inteligente.

También hemos trabajado juntos, codo con codo, discutiendo en las tormentas de ideas, retándonos y superando el estrés.
Has sido mi Pepito grillo, mi conciencia, el que me ha siempre conocido tal y como soy, el que ha asistido a mis divagaciones, el que me ayudado a seguir adelante.
Claro que como en todas las parejas hemos tenido buenos y malos momentos, en los buenos te mostraba orgulloso y confiado. ¡He hablado tanto de ti! siempre te tenía en la boca.
Algunas noches de trabajo notaba tu falta y tenia que salir a la ciudad nervioso en tu búsqueda. Que feliz me ponía al reencontrarte.
Pero a veces las relaciones se vician y las bondades del otro se empiezan a desdibujar como si nunca hubiesen existido, hasta desaparecer. Estos últimos años te he cogido asco, me empezó a desagradar tu olor, incluso notaba que tu presencia me ahogaba.
Muchas veces me has hecho daño... y creo que ya no te quiero.


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un engaño;
esto es fumar, quien lo probó lo sabe.

Ya no tengo fuerzas. Ya no veo razones para seguir unidos.
Llegado el momento de la despedida, tengo esa bipolar sensación de Gargantúa, que no sabia si llorar por la muerte de su mujer o reír por el nacimiento de su hijo. Porque soy yo el que he tomado la decisión de dejarte marchar y me duele.
Muchos días y muchas veces estaré tentado de llamarte. Pero, aunque nunca te olvide, no lo haré. Puedo ser feliz sin ti, y lo voy a ser porque puedo y porque me lo merezco.
Amigo del alma ojalá nunca te hubiera conocido, pero ya estoy curado de tu mal y puedo descansar en paz, sin ahogarme, sin dudas.

Adiós amigo. Me gustábamos mucho juntos.
Ahora, con la distancia, lo sé. Lo nuestro era una relación tóxica.

Llevo ya 40 días sin verte, sin notarte... más de 960 horas sin fumar. 
Y cada día me cuesta menos olvidarte.
Hasta nunca y ¡que te den!

;-)

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